BMX Al colegio: Un giro de 180 grados

Publicado el: 22/8/14
BMX Al colegio

¿Tuvo o ha tenido una clase donde sentir el riesgo y la adrenalina sea la garantía de estar aprendiendo al extremo? Si no es así, le contamos cómo el colegio oficial Eduardo Carranza de Bogotá lo hace posible.

A las 6:30 de la mañana, Hugo Cangrejo, campeón distrital de Freestyle en BMX, saluda a sus 16 estudiantes. Ellos lo escuchan atentos desde sus bicicletas, con los sentidos despiertos y dispuestos a trabajar. 

Con la experiencia de un campeón les pide que antes de montar las ‘bicis’, hagan los ejercicios de calentamiento, estiren sus músculos y guarden por un momento toda su adrenalina. Ellos sonríen, controlan sus nervios y frotan sus manos llenos de emoción: es lunes y no hay nada que se interponga entre ellos y la clase más extrema de la semana. 

El calentamiento terminó. Es hora de subir a los pedales, afinar los sentidos y seguir las instrucciones. “¡Vamos a rodar, trazar y girar! ¡Luego a saltar!”, dice Cangrejo mientras repasa las caras de nerviosismo y expectativa de los bikers. 

Aprendiendo con el riesgo 

Es el momento más esperado para Samir Sánchez. Mientras pedalea, siente cómo el viento choca su cara delgada y su pelo encrespado; las manos empiezan a sudar y los pies se aferran a los pedales. El corazón palpita más rápido y los pulmones se llenan de aire. Entonces deja su mente en blanco, se dirige hacia la rampa, se lanza hacia el vacío y vuela solo con su bicicleta. 

Cuando se encuentra suspendido en el aire siente que los 20 kilómetros que recorrió de la casa al colegio esta mañana ya no son un problema, y que con cada salto se enamora más de su bicicleta, las rampas y sus clases de BMX.

“En este momento tengo mi bicicleta rota porque me gusta lanzármele a los trucos, tengo las espinillas golpeadas, pero si uno no arriesga… no gana”, dice Samir, para quien la bicicleta “se ha convertido en un vicio; la prefiero mil veces más que a una novia, porque ella me da más emociones y momentos especiales”. 

A él como a sus otros 15 compañeros de clase no les gusta patear un balón ni practicar atletismo. Tampoco se identifican con la natación ni con la gimnasia. Ellos han demostrado que están hechos para andar sobre dos ruedas, un marco y un sillín, y por eso tomaron las clases de BMX como parte de la oferta que el programa del ‘Currículo para la excelencia académica y la formación integral 40x40’ que la Secretaría de Educación del Distrito desarrolla como política educativa en la actualidad. 

“Un estudiante me dijo que quería aprender BMX, y que entre sus compañeros y amigos del barrio podían conseguir las bicicletas. Le dije que si conseguía al menos 12 los inscribía; en un día completaron 16”, afirma el profe Cangrejo del colegio distrital Eduardo Carranza, el único colegio de Barrios Unidos y de Bogotá que tiene esta clase.

BMX: un cambio de 180 grados 

Algunos meses atrás, Sebastián Taborda llegaba a las 4 de la tarde a su casa, tiraba la maleta, cogía su bicicleta y se iba a entrenar jugadas de BMX que había visto en televisión o en la calle. Allí duraba hasta las 6 o 7 de la noche, y eso estaba afectando su rendimiento en el colegio.  

“El año pasado, algunos de ellos iban mal en el primer período del año, entonces los papás vinieron a hablar conmigo y me dijeron preocupados que los muchachos solo pensaban en BMX”, cuenta Rudy Pérez, docente de enlace del Currículo 40x40. 

Pero cuando las clases empezaron supieron que el giro de 180 grados no solo se tenía que hacer en la bicicleta. Al igual que en una clase convencional la responsabilidad, la disciplina y la puntualidad tenían que caracterizar al estudiante de BMX en las demás áreas de su vida, a lo cual los estudiantes no replicaron. 

“Hicimos compromisos y el día de la segunda entrega de boletines, la mayoría pasaron en limpio y sólo algunos perdieron muy pocas materias. Eso demostró que el compromiso existe y que aman esta clase, quizá más que a las otras” concluye Rudy.  

¡El jam!

Las calificaciones con números no existen en esta clase. Pero sí existen los ‘jams’, o pequeñas competencias entre los estudiantes para valorar sus capacidades y avances sobre la bicicleta. “Las dos últimas clases hacemos nuestros jam individuales, donde cada quien muestra lo que sabe. 

Aparte de eso es una oportunidad para crear e innovar sobre las jugadas de los demás”, dice Julián Yara, el más travieso de la clase.

El jam dura 30 segundos por estudiante, tiempo en el que deben escoger su mejor trazado y ejecutarlo a la perfección. Todos son ganadores.

Para ver y copiar 

Por último y no menos importante las herramientas para que la clase fluya con éxito. Un parche solución, una bomba para inflar o una llave inglesa son indispensables para continuar. Pero también una bicicleta de buena calidad que soporte los saltos, los trucos y las caídas. “Muchos de ellos no tienen plata para comprar una bicicleta costosa. Pero están tan motivados que han ahorrado y reunido para comprar unas muy buenas”. 

Una bicicleta de BMX Freestyle cuesta entre 600 mil y 10 millones de pesos aproximadamente. Pero el talento de estos muchachos y las ganas de aprender en clase no tienen precio. “Los veo proyectados a los campeonatos distritales y compitiendo como novatos en el Festival de Verano. A futuro los veo como personas respetuosas y con muchos valores, pero también, como deportistas de alto rendimiento. Aquí hay mucho talento y gracias al programa de 40x40 podemos explotarlo. Nunca antes se había visto”, concluye Cangrejo.

Vía: IDRD

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